Diego, un destacado estudiante de pedagogía de la ciudad de Concepción, disfrutaba de sus vacaciones de invierno rodeado de la naturaleza de la zona sur de Chile, lejos de la cobertura de internet y telefonía. Al regresar a su ciudad de natal, se encontró con una avalancha de mensajes y llamadas perdidas de su compañera Ana. «Algo terrible ha pasado en el grupo curso», le decía en un mensaje de voz, alarmándolo.
Los proyectos de título y valiosa información de sus compañeros habían sido robados por un misterioso ladrón informático. Mientras Diego avanzaba hacia la universidad, reflexionaba sobre la gravedad de la situación y cómo su ayuda sería crucial para recuperar lo perdido, especialmente con la fecha de entrega de los trabajos de título acercándose rápidamente.